✍️ Eugenio Hernández Sasso

La situación política de Morena en Tuxtla Gutiérrez comienza a complicarse antes de que arranque formalmente la carrera por la sucesión municipal.

Lo más paradójico es que el principal riesgo para el partido gobernante no parece estar, por ahora, en la oposición, sino en sus propias decisiones.

En los mentideros políticos de la capital chiapaneca crece la percepción de que Morena estaría sacando de la competencia por la alcaldía a algunos de sus perfiles mejor posicionados para enviarlos a las diputaciones federales o locales.

Esa estrategia puede resultar rentable para algunos grupos, pero peligrosa para el partido si termina dejando la candidatura municipal en manos de un personaje sin arraigo suficiente para ganar.

El registro de Jovani Salazar como coordinador de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación en el Distrito 9 de Tuxtla, prácticamente lo coloca en la ruta de una candidatura a diputado federal y, de paso, lo descarta de la contienda por la presidencia municipal.

Ahí comienza el problema, toda vez que aún están sobre la mesa nombres como el de María Mandiola, Francisco Chacón y Carlos Morales, perfiles con trayectoria, conocimiento de la ciudad y, sobre todo, con posibilidades reales de competir.

Sacar a estos cuadros de la ecuación para despejarle el camino a un candidato previamente decidido sería un error político de consecuencias imprevisibles.

De acuerdo con versiones que circulan en los desayunaderos, Guillermo Santiago estaría siendo considerado seriamente para encabezar la candidatura de Morena en Tuxtla. Cosa que se percibe como un lamentable error.

El problema no es solamente su perfil político, es su conexión con la ciudadanía tuxtleca, pues «Memo-ciona» es identificado como un político coleto y no tuxtleco, con una presencia ciudadana limitada en la capital.

Su eventual candidatura podría generar resistencia incluso dentro del propio morenismo y, si Morena llegara dividido a la elección en 2027, la oposición no tendría que hacer demasiado esfuerzo para capitalizar el descontento.

Los principales activos de Guillermo Santiago, según las versiones políticas, estarían en otro terreno, dado que se habla de reuniones con Pío López Obrador, el respaldo de Citlalli Hernández en la dirigencia nacional y la relación que ha hecho creer que tiene con la presidenta Claudia Sheinbaum.

Sin embargo, una elección municipal no se gana solamente con relaciones nacionales, se logra con estructura, territorio, simpatía y capacidad para conectar con el electorado, atributos de los cuales carece Guillermo Santiago.

Entonces, eso es precisamente lo que tendría que medir Morena antes de tomar una decisión y resulta significativo que Ángel Torres Culebro, después de «invertir» tanto para su reelección, aparentemente se esté quedando fuera de la jugada.

Aquí es cuando vale la pena reflexionar que si una silla comienza a tener dueño antes de que se abra oficialmente el proceso, las señales suelen ser muy importantes porque de acuerdo a su lectura es como se puede obtener el triunfo o construir una derrota segura.

La estrategia en morena es clara, pues primero definirán las coordinaciones distritales federales; después acomodarán algunas piezas en las candidaturas locales y, finalmente, resolverán las municipales.

El método puede tener lógica interna, pero convertir las alcaldías en el último eslabón de una negociación de grupos es un poco extraño, ya que Tuxtla no es cualquier municipio, es la capital, el principal escaparate político del estado y una plaza que Morena no puede darse el lujo de perder por una mala operación interna.

Los aliados ya observan también el movimiento de Morena, pues PT y PVEM no permanecerán necesariamente como espectadores, dado que, particularmente, se habla de Francisco Chacón y de la posibilidad de que, si no obtiene la coordinación municipal de Morena, pudiera buscar la vía Verde para competir.

Una eventual candidatura del secretario del Humanismo por otros siglas diferentes a las del partido vino tinto podría modificar por completo el escenario electoral.

El riesgo no se limita a Tuxtla, también Comitán, San Cristóbal de Las Casas y Tapachula podrían convertirse en plazas disputadas si Morena se equivoca en la selección de sus candidatos.

De igual manera, otro ingrediente que no puede ignorarse en Tuxtla es la relación política entre el gobernador Eduardo Ramírez y Guillermo Santiago.

El antecedente de 2024, cuando «Memito», muy emocionado, llegó a decir que con “El Jaguar” ni a la esquina, podría convertirse en una factura política difícil de esconder en el momento de las decisiones.

Otro tema importante en la definición de candidaturas es el de las mujeres, ya que Morena tendrá que postular candidatas competitivas en los 62 municipios donde corresponda, porque no se trata únicamente de cumplir la paridad en términos administrativos.

Si el partido coloca perfiles débiles, la oposición y sus aliados encontrarán ahí una oportunidad de ganar.

La elección de 2027 todavía está a ocho meses de distancia, pero las decisiones importantes ya comenzaron. Morena debe entender que ganar espacios internos no es lo mismo que ganar elecciones y, si en Tuxtla se privilegia el acomodo de grupos sobre la competitividad electoral, podría terminar entregando a sus adversarios una plaza que hoy todavía está en sus manos.

Sassón
¿De verdad no le interesa a Morena ganar las alcaldías?

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