✍️ Eugenio Hernández Sasso
En Chiapas hay políticos que parecen no haber recibido el mensaje de la llamada Nueva ERA en el sentido de que los tiempos de los cacicazgos deberían quedar atrás.
En Juárez, al menos por lo que se observa en la escena política, hay quienes parecen querer interpretar la renovación como aquello de “quítate tú para poner a los míos”.
El caso de Óscar Serra Cantoral resulta particularmente llamativo, toda vez que el actual presidente municipal de Juárez ha acumulado cuatro periodos al frente del Ayuntamiento.
Cuatro periodos no son cualquier cosa. Son años suficientes para conocer hasta el último rincón del Ayuntamiento, saber quién toca la puerta, quién tiene la llave y, seguramente, quién conoce perfectamente dónde están los cajones del escritorio.
Sin embargo, ahora aparece otra jugada política, toda vez que el nombre de su esposa, Sonia del Carmen Calcáneo Montellano, comenzó a circular como una posible carta del Verde para la presidencia municipal.
Una publicación periodística de agosto reportó precisamente ese escenario, aunque hasta ahora no existe una candidatura formal registrada.
Aquí es donde la discusión se pone interesante, porque una cosa es la paridad y otra muy distinta es utilizar la paridad como vehículo para prolongar un grupo político.
El gobernador Eduardo Ramírez ha impulsado una reforma para una mayor presencia de mujeres en los ayuntamientos, y recientemente el Gobierno de Chiapas informó sobre la aprobación de una reforma que busca una paridad efectiva en los gobiernos municipales.
Eso es una cosa, otra muy diferente sería que algunos cacicazgos descubrieran de pronto que la mejor manera de sobrevivir políticamente consiste en cambiar al marido por la esposa y presentar el relevo como si se tratara de una revolución democrática.
¡Ah, qué conveniente! Durante años se ha cuestionado la práctica de las llamadas “Juanitas”, mujeres utilizadas como vehículo para que otros conserven el control político.
Por eso sería contradictorio que una política de paridad terminara siendo utilizada para mantener el mismo poder familiar, solamente cambiando el nombre que aparece en la boleta.
Aquí hay que ser muy claros, Sonia Calcáneo tiene todo el derecho a aspirar a un cargo de elección popular por méritos propios, el problema no sería que sea mujer, esposa de un alcalde o integrante del Partido Verde, el verdadero problema aparecería si su eventual candidatura fuera utilizada para mantener intacto el control político de un grupo.
Las mujeres no necesitan que ningún hombre les “preste” una candidatura para demostrar su capacidad. Muchísimas han construido carreras políticas a pulso, tocando puertas, caminando comunidades y ganándose el respaldo ciudadano, no necesitan padrinos que después pretendan cobrarles la factura.
Tampoco Juárez necesita que la alternancia sea solamente entre cónyuges.
La pregunta de fondo es sencilla, ¿se busca abrirle paso a nuevos liderazgos o simplemente cambiar el apellido que aparece en la fotografía oficial?
Si Serra ya gobernó cuatro periodos, sería saludable que el debate público se concentre en la calidad de las instituciones, la rendición de cuentas y la competencia democrática, no en quién conserva el control de la silla municipal.
Si después de cuatro periodos el relevo termina siendo familiar, los ciudadanos podrían preguntarse, con toda razón, si ¿terminó el cacicazgo o solamente se simuló el cambio?
Sassón
Ya les platicaremos después, quién es aquella mujer que reniega de sus raíces pichucalquenses.
