✍️ Eugenio Hernández Sasso
En Tabasco hay políticos que apenas les dan una sillita y ya se sienten dueños del trono, y en la Secretaría de Cultura parece que apareció uno de esos personajes que confunden una subsecretaría con una coronación imperial.
El protagonista de esta tragicomedia tropical es Salvador Manrique Priego, mejor conocido en el circuito burocrático-artístico como “Chancletón”, quien ya anda ensayando su entrada triunfal al despacho principal mientras todavía no sabe lo que el futuro le depara.
Cuenta uno de los presentes en la Feria de Macuspana -quien por cierto labora en la Secretaria de Cultura- que el hombre llegó inspirado, desatado y más inflado que globo de fiesta infantil.
Apenas lo anunciaron como Subsecretario de Cultura, empezó a repartir abrazos, sonrisas y futuros nombramientos como si ya trajera la patente del gobernador Javier May en la bolsa del pantalón.
Cuando lo presentaron.como subsecretario, frente al alcalde Gaspar Díaz Falcón soltó la joya de la noche y dijo: “Próximamente Secretario”.
La raza pensó que era broma, pero Salvador Manrique siguió hablando tan serio que hasta algunos comenzaron a buscar dónde entregar currículum.
El hombre -dice el testigo presencial- no solo se ve sentado en la silla de Aída Castillo, sino que ya armó todo un gobierno paralelo en su imaginación.
Según su propia fantasía, va a rescatar museos, subir compensaciones, reducir horarios laborales, dar uniformes nuevos y convertir Cultura en una especie de Disneylandia burocrática con aire acondicionado.
Comentan que nomás le faltó prometer becas para mariachis desempleados y descuentos culturales en el kilogramo de tortillas.
Sus ideas de “austeridad” son dignas de un premio internacional. Dice que los museos podrían abrir menos horas para ahorrar luz. Una maravilla de visión cultural que propone menos acceso al arte, pero recibo más barato de la CFE. Resultó un genio financiero el muchacho.
También piensa remodelar oficinas de directores, porque primero la comodidad del burócrata y luego, si sobra tiempo, la cultura popular. Prioridades son prioridades.
Como todo aspirante adelantado ya también anda repartiendo subsecretaría y, en su gabinete imaginario, aparecen “Lugui” Osorio y el músico Freddy Persa, quienes seguramente ni enterados están de sus locuras, pero ya los anda subiendo al ring.
También prometió convertir la Banda de Música en Filarmónica Estatal, comprarles camión climatizado y llenar de apoyos a sindicatos y artistas independientes. El problema no es prometer; el problema es que habla como si ya estuviera despachando desde la oficina principal.
Sassón
Aída Castillo debería abrir bien los ojos, porque mientras ella trabaja, “Chancletón” grilla y ensaya el golpe.

