Eugenio Hernández Sasso
Hay un pasaje bíblico que parece escrito pensando en la política tabasqueña. En el libro de Eclesiastés, capítulo 3, versículo 15, se lee que «Los sucesos del presente ya ocurrieron en el pasado, y lo que sucederá en el futuro ya ocurrió antes, porque Dios hace que las mismas cosas se repitan una y otra vez».
La verdad sea dicha, en Tabasco hay quienes demuestran con sus actos que la Biblia no está equivocada, porque hacen exactamente lo mismo que hacían algunos en el pasado.
Ahora resulta que los malquerientes del gobernador Javier May Rodríguez traen la misma cantaleta de siempre. Que si ya se va, que pedirá licencia, que está enfermo, que ya lo tienen con un pie fuera de Palacio de Gobierno. En fin, hablan de acuerdo a su imaginación.
A esos agoreros del desastre nomás les falta decir que lo vieron comprando boleto sencillo para el retiro político. El problema es que esa película ya la vimos en sexenios anteriores y, finalmente, no pasó nada.
Con esto queda demostrado que en política cambian los actores, pero el guion sigue siendo exactamente el mismo.
Hace más de tres décadas, cuando Roberto Madrazo Pintado llegó al gobierno tras un cuestionado triunfo sobre Andrés Manuel López Obrador, en el café del hotel Villaflores había quienes golpeaban la mesa jurando que no terminaría el sexenio.
Entre café, el humo de un puro y mucha grilla, aseguraban que Madrazo pediría licencia «en cualquier momento». “La próxima semana se va”, insistían. Así pasaron los meses, luego los años, y nada de nada. Terminó su sexenio.
Fue tanto el entusiasmo de aquellos profetas del desastre que alguien terminó burlándose de ellos diciendo que ya se les había gastado el dedo índice de tanto aporrear la mesa anunciando la inminente salida de Madrazo.
El exgobernador terminó su mandato y todavía tuvo tiempo de pedir licencia, por decisión propia, para buscar la Presidencia de la República, regresar y cerrar su administración para impedirle el paso a Arturo Núñez Jiménez, quien como Acab obedecía a Jezabel.
Después vino otra función del mismo circo. En 2012, Arturo Núñez Jiménez ganó la gubernatura y casi desde el primer año comenzaron los rumores que estaba muy enfermo, que había perdido la memoria, que viajaba constantemente a la Ciudad de México para entrar a una cámara hiperbárica y recuperar fuerzas.
En aquella ocasión había versiones para todos los gustos, como si fueran promociones del mercado. ¿Y qué pasó? Pues absolutamente nada. Núñez concluyó su sexenio completo.
Sin embargo, otra cosa muy distinta es que muchos tabasqueños todavía reclaman el desastre financiero que heredó el estado y que hoy disfrute de una tranquila vida en España. Eso pertenece a otro capítulo digno también de análisis.
Lo que sí quedó claro es que no perdió la memoria. Simplemente fingió demencia de algunos “allegados” que fueron abandonados, aunque anduvieron con él y se rasgaban las vestiduras antes de que llegara al poder. Una cosa es el olvidar a los amigos y otra muy distinta “que no le llegara agua al tinaco”.
Ahora la rueda vuelve a girar. En Tabasco se escuchan los mismos rumores, las mismas apuestas, los mismos deseos disfrazados de información privilegiada, solo que de aquellos que antes tenían el privilegio de estar en el poder, y que ahora se han convertido en una oposición cimarrona.
Hay quienes ocupan su tiempo en correr el rumor de la supuesta salida de Javier May, mientras el gobernador recorre diariamente comunidades y, hasta ahora, es el único en la historia que más tiempo ha pasado en el territorio atendiendo directamente a la población y resolviendo problemas. Nada lo detiene.
Mientras unos fabrican rumores desde la comodidad del café o las redes sociales, el Ejecutivo tabasqueño hace giras por los municipios, encabeza jornadas de trabajo y lleva programas gubernamentales que la gente le agradece con cariño.
Al final será el tiempo, y no los chismes, el que dicte sentencia, porque en Tabasco hay personajes que nunca aprenden y, cada sexenio, sacan la misma bola de cristal, le quitan el polvo, anuncian la caída del gobernador en turno y vuelven a guardar el aparato hasta la siguiente administración.
Sassón
«El que vive de rumores termina desayunando desmentidos», indica el dicho popular. Por lo visto, hay quienes ya hicieron de ese menú su dieta de todos los días y, no sea que pronto sufran una indigestión.
