✍️ Eugenio Hernández Sasso
Los dichos son una cosa, pero los hechos hablan por sí mismos y, en la realidad, las estadísticas tienen la mala costumbre de echar a perder el cuento que algunos agoreros del desastre quieren vender para engañar y manipular al pueblo.
Por ejemplo, mientras los enemigos de Tabasco y los protagonistas del caos repiten todos los días que el estado vive en una crisis incontenible de violencia, los números oficiales cuentan otra historia.
Tabasco redujo en 35.2 por ciento el promedio diario de víctimas de homicidio doloso durante el lapso enero-julio de 2026, en comparación con el mismo periodo de 2025.
No es un dato menor. Tampoco es un asunto para echar las campanas al vuelo y decir que aquí ya no pasa nada, porque la delincuencia existe, ha existido siempre y nadie sensato puede negarlo, pero una cosa es reconocer los problemas y otra muy distinta es intentar hacer creer que Tabasco está convertido en tierra de nadie.
De acuerdo con el Reporte de Incidencia Delictiva presentado a principio de semana por el Gobierno de México, Tabasco se colocó en el lugar 13 entre las entidades con mayor disminución de homicidios dolosos y dentro del grupo de 30 estados que lograron reducir su promedio diario en este delito.
Para quienes viven de anunciar el apocalipsis, seguramente el dato cayó como balde de agua fría, porque resulta complicado sostener el discurso de que todo va de mal en peor cuando los indicadores muestran una reducción significativa.
La disminución tabasqueña fue superior a la registrada en entidades como Chihuahua, Sinaloa y Tamaulipas, donde el clima de violencia es superior.
Aquí aparece otro asunto que no puede hacerse a un lado.
La inseguridad no se resuelve de la noche a la mañana porque no nació ayer.
Desde Caín y Abel, para quienes quieran remontarse al principio de los tiempos, la violencia forma parte de la historia humana.
La Biblia, incluso, está llena de advertencias contra los violentos y los malvados; entonces, el punto no es que la delincuencia haya desaparecido, sino reconocer la capacidad del gobierno del pueblo para contenerla.
Ahí están los números que taladran el discurso de los opositores, toda vez que el gobierno de Javier May ha sostenido una estrategia para recuperar el control de un problema que venía arrastrándose desde años atrás.
En esta administración, además, se hizo pública la denuncia contra estructuras criminales como La Barredora y se actuó contra su operación.
Eso, evidentemente, no le gusta a muchos, pues hay intereses políticos y económicos que prefieren un Tabasco envuelto en la percepción permanente del desastre.
Es decir, cuando la realidad no alcanza para construir una derrota política, queda la propaganda, el rumor y la repetición diaria del miedo.
Sin embargo, los números son tercos. A nivel nacional, el Gobierno de México reportó una reducción de 51 por ciento en el promedio diario de homicidio doloso entre septiembre de 2024 y julio de 2026. Julio de este año, además, registró el promedio diario más bajo para ese mes desde 2015.
Las estadísticas señalan que los delitos de alto impacto disminuyeron 33 por ciento y el robo de vehículo con violencia cayó 51 por ciento.
Tabasco forma parte de esa tendencia y, con la reducción de 35.2 por ciento, aporta a la pacificación no solo de la entidad sino del sureste y del país.
Que todavía hay mucho por hacer, por supuesto. Que no se puede bajar la guardia, también; pero una cosa muy distinta es exigir resultados y otra fabricar una realidad virtual a conveniencia.
Sassón
Estadísticamente, los hechos hablan de una violencia que está disminuyendo en Tabasco. La paz también se percibe en el ambiente. El terror ya no invade al pueblo como hace dos años.

