✍️ Eugenio Hernández Sasso
Hoy muchos niños y niñas saben hacer un video de un minuto, pero batallan para leer una página completa de un libro; también escriben con emojis, pero les cuesta redactar un párrafo. En las aulas preguntan menos al maestro porque todo lo consultan con la inteligencia artificial y, en conclusión, el riesgo no es que exista la IA, el verdadero problema es creer que pensar ya no es necesario.
También llama la atención lo que ocurre en Japón, donde se impulsan medidas para fortalecer nuevamente la escritura a mano y reducir la dependencia de dispositivos electrónicos en determinadas actividades escolares. La lógica muestra que, sencillamente, si el cerebro deja de ejercitarse puede atrofiarse.
Hace un tiempo no muy lejano, el castigo más temido en la escuela era quedarse sin recreo; hoy, el problema más difícil de resolver es quitarle el celular a un estudiante.
Sin embargo, cada vez son más las voces que advierten que algo no está funcionando bien con el uso de la tecnología.
No es casualidad que ya sean 16 estados de la República los que han comenzado a regular el uso de teléfonos celulares en las escuelas de educación primaria y secundaria. Esto demuestra que el asunto requiere atención inmediata.
Tampoco se trata de una guerra contra la tecnología, sino de poner orden en una herramienta que, utilizada sin control, termina distrayendo más de lo que enseña.
Negar que el celular puede ser una biblioteca y también una oficina ambulante sería un trastorno, pero también es indiscutible que puede convertirse en un agujero negro donde se van las horas, la concentración e incluso la salud emocional de niñas, niños, adolescentes… y adultos.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha sostenido que la tecnología debe estar al servicio de la educación y no convertirse en un obstáculo para el aprendizaje.
En esa misma línea, el Gobierno Federal ha planteado fortalecer la educación pública con una visión humanista, impulsar el pensamiento crítico y promover el uso responsable de las herramientas digitales.
Se ha anunciado, en ese contexto, que la Secretaría de Educación trabajará con otras instancias en estrategias, foros y una consulta pública para analizar el impacto social de la inteligencia artificial en menores de edad y construir políticas públicas que protejan su desarrollo.
EL DEBATE EN TABASCO
En Tabasco esta discusión no puede seguir esperando. De hecho, ya existe una ruta para comenzar a atenderla.
Se sabe que, en el Congreso del Estado, se encuentra lista una iniciativa impulsada por la bancada del Partido del Trabajo, elaborada por el grupo de asesores que encabeza Hiram Llergo Latournerie.
El propósito de esta propuesta legislativa es regular el uso de teléfonos celulares en los planteles educativos y promover un aprovechamiento responsable de las nuevas tecnologías.
Corresponderá a Martín Palacios Alcocer, coordinador de la fracción parlamentaria, concertar con las demás bancadas y presentar formalmente la iniciativa ante el Pleno para iniciar su discusión legislativa.
De aprobarse, Tabasco se sumaría a las entidades que ya han decidido actuar para proteger los procesos de aprendizaje de niñas, niños y adolescentes.
Regular el uso de celulares en las aulas, promover una alfabetización digital responsable y establecer reglas claras para el empleo de la inteligencia artificial en menores no constituye un capricho, representa una inversión en el futuro.
Tampoco se trata de regresar al gis y al pizarrón de madera, ni de satanizar la tecnología. Se trata de encontrar el equilibrio y de enseñar que una computadora puede ser una gran aliada, pero nunca un sustituto del esfuerzo, la creatividad y el razonamiento.
Si dejamos que el celular y las tabletas eduquen más que los maestros y que la inteligencia artificial piense más que nuestros hijos, después no debería sorprendernos tener generaciones capaces de deslizar el dedo con gran velocidad sobre una pantalla, pero incapaces de defender una idea con sus propias palabras.
La tecnología llegó para quedarse. Lo que aún falta decidir es si estarán al mando las personas sobre la tecnología o la tecnología sobre las personas. Ahí reside el verdadero desafío.
Ese debate, más temprano que tarde, también tendrá que darse en Tabasco. Ojalá que la iniciativa próxima a presentarse sea el punto de partida de una discusión seria, responsable y con la educación como única prioridad.
Sassón
Ciertamente, se debe procurar que las leyes en este ámbito no deriven en censura; sin embargo, es innegable que regular el uso de la tecnología es una necesidad que no puede soslayarse.

