✍️ Eugenio Hernández Sasso
En Chiapas, la pobreza, los caminos destrozados, los hospitales sin medicinas y, por supuesto, la insaciable hambre de dinero de los partidos políticos, parecen problemas eternos.
Mientras miles de familias hacen milagros para estirar el gasto de la semana, los honorables institutos políticos tienen asegurada su pensión de lujo con cargo al bolsillo de todos.
Lo más “incomodante”, diría La Chiapanecota, es que el ciudadano común no tiene opción, pues aunque jamás haya militado en un partido, no simpatice con ninguno o esté decepcionado de todos, de cualquier manera termina financiándolos con sus impuestos.
En este año, más de 150 millones de pesos fueron destinados al sostenimiento de partidos políticos en el estado. Sí, leyó usted bien, ciento cincuenta millones de pesos, sin contar el dinero que también recibirán a través de otras prerrogativas y aportaciones privadas.
Este dineral es simplemente para mantener funcionando una maquinaria que, la mayor parte del tiempo, parece estar más ocupada en repartirse candidaturas que en resolver los problemas de la gente.
¿De verdad necesitamos diez partidos políticos en un estado donde sobran necesidades y faltan soluciones?
Actualmente reciben recursos Morena, PVEM, PT, PRI, PAN, Movimiento Ciudadano y Redes Sociales Progresistas.
A ellos se suman Movimiento de Esperanza de Chiapas, Partido Conciencia Humana y Fuerza Chiapaneca, porque al parecer siete ventanillas para cobrar dinero público no eran suficientes. El pastel era demasiado grande.
Lo curioso es que cada vez que se habla de austeridad, todos levantan la mano para exigir sacrificios y piden que se aprieten el cinturón los ayuntamientos, que gasten menos las dependencias, que se reduzcan programas, pero cuando llega el momento de tocar el financiamiento partidista, entonces aparecen discursos solemnes sobre la importancia de fortalecer la democracia.
DEMOCRACIA, POR CIERTO, BASTANTE CARA
Los defensores del sistema argumentan que el financiamiento público evita que grupos privados o criminales controlen la política.
Eso, en teoría, suena maravilloso, pero en la práctica la ciudadanía observa que los dirigentes viven como reyezuelos, el pueblo advierte partidos que aparecen cada tres años para pedir votos y desaparecen cuando toca gestionar soluciones.
El caso más llamativo es que muchos de estos institutos políticos han terminado convirtiéndose en auténticos negocios familiares o patrimoniales.
Aquí nadie puede darse golpes de pecho. Morena y el PVEM, que hoy concentran buena parte de los recursos, tampoco están exentos de esta crítica.
Mientras tanto, en las regiones más pobres de Chiapas hay comunidades donde conseguir atención médica es una odisea, escuelas que sobreviven gracias a las cooperaciones de los padres de familia, caminos rurales que parecen pistas con obstáculos y sistemas de agua potable que funcionan a medias o simplemente no existen. Esa es la realidad.
Imagínese por un momento lo que podrían representar 150 millones de pesos invertidos en infraestructura social, en clínicas, en equipamiento escolar o en programas productivos para emprendedores.
Seguramente no resolverían todos los problemas del estado, pero tendrían un impacto mucho más visible que mantener oficinas partidistas con aire acondicionado y líderes enriqueciéndose con el dinero del pueblo.
Tal vez llegó la hora de discutir seriamente el modelo de financiamiento a partidos políticos, no para eliminarlos ni para debilitar la democracia, sino para poner límites razonables al gasto.
Una cosa es financiar la competencia política y otra muy distinta es alimentar una estructura que parece haberse acostumbrado a vivir cómodamente del presupuesto.
No hay un ciclo, después de cada elección, que no se inscriban nuevas organizaciones al sistema. Quiere decir que el negocio es rentable.
Mientras ese debate no ocurra, los partidos seguirán cobrando puntualmente su cheque y los ciudadanos seguirán preguntándose por qué siempre hay dinero para la política, pero nunca alcanza para combatir la pobreza de la ciudadanía de a pie.
Sassón
Hasta antes de los tres nuevos partidos que empezarán a ser mantenidos, así estaban distribuidas las prerrogativas en Chiapas: Morena 47 millones 250 mil 878 pesos; Partido Verde Ecologista de México (PVEM), 26 millones 582 mil 587 pesos; Redes Sociales Progresistas Chiapas (RSP), 20 millones 125 mil 174 pesos; Partido del Trabajo (PT), 17 millones 489 mil 182 pesos; Partido Revolucionario Institucional (PRI), 16 millones 53 mil 854.00 pesos; Movimiento Ciudadano (MC), 11 millones 941 mil 257.00 pesos, y Partido Acción Nacional (PAN), 10 millones 886 mil 129 pesos. ¡Burro! Buenos pa la paga salieron.

