✍️ Eugenio Hernández Sasso
La democracia mexicana tiene una curiosa particularidad, cuando el árbitro electoral debería estar ocupado vigilando que nadie haga trampa en la cancha, termina obligado a explicar por qué las artimañas apuntan siempre hacia su propio equipo.
Guadalupe Taddei Zavala argumentó elegantemente su renuncia al anteponer la estabilidad, la credibilidad y la independencia del organismo por encima de cualquier interés personal, pero la ciudadanía sabe muy bien por qué se va.
Esta fue una declaración digna de enmarcarse, pero el problema es que su renuncia se dio en el marco de una serie de señalamientos de corrupción y conflicto de intereses que exigen investigaciones contundentes.
El video que muestra a su hijo con José Alfredo Hernández Casillas en París, fiestas y reuniones con el mismo empresario apoderado de Cajas Graf así como una investigación de oficio por parte de la Auditoría Superior de la Federación han puesto en una situación incomoda al propio INE al arranque de los procesos electorales.
La Unidad de Inteligencia Financiera también ha iniciado indagatorias relacionadas con empresas proveedoras del instituto.
Las cifras de contratos por sí solas merecen una explicación pública, toda vez que también el corporativo Zeg, donde aparece como apoderado legal el chofer de Taddei, Jonathan Navarrete, habría obtenido contratos por millones.
La presidenta Claudia Sheinbaum pidió auditorías y sostuvo que no debe existir ninguna sospecha de corrupción en el INE. La exigencia es razonable. Precisamente por eso, las investigaciones deben avanzar sin consignas, encubrimientos ni condenas anticipadas.
El verdadero problema no es la renuncia de una funcionaria, es, sin lugar a dudas, la pérdida de la poca confianza pública en una institución encargada de organizar elecciones y garantizar condiciones de competencia.
Si hubo irregularidades, deben identificarse responsables y aplicarse sanciones. Si los contratos fueron legales, corresponde demostrarlo con expedientes, procedimientos y resultados verificables.
La renuncia de Taddei no puede funcionar como borrador administrativo ni como cortina de humo, pues aunque se vaya, hay preguntas que exigen respuestas, ademas de la obligación de esclarecer los hechos.
En este momento, el árbitro electoral en México se encuentra bajo revisión y la ciudadanía tiene derecho a saber algo más que bonitas palabras en una renuncia o investigaciones simuladas para «taparle el ojo al macho».
La transparencia, después de todo, no debería necesitar una urna para salir sorteada, sobre todo en un país como México, donde el árbitro electoral siempre ha sido cuestionado y su credibilidad es endeble.
Sassón
Las investigaciones deben convencer a los mexicanos de que lo visto en videos es real o un montaje. La otra, es que cualquiera podría imaginarse que todo aquello que huela a López Obrador ya caducó en el gobierno de la 4T.

