✍️ Eugenio Hernández Sasso
Hay políticos que se retiran, otros hacen una pausa y algunos más entienden que los tiempos cambian, después de ellos está Evaristo Hernández Cruz, quien parece convencido de que los cargos públicos son como las papas fritas, de esas que no se puede comer sólo una.
Ahora resulta que el dos veces exalcalde de Centro anuncia que disputará a Morena «la posición más importante de Tabasco después de la gubernatura» por el Partido Verde. Además, amenaza que es un tipo de cuidado.
Esta declaración no tiene ninguna otra interpretación más que la muestra de su ambición política y del dinero ajeno, porque esa cantaleta de que se desvive por servir al pueblo está muy lejos de la realidad.
Lo curioso es que durante años encontró refugio, candidaturas y espacios dentro del PRI, luego Andrés Manuel lo santificó en Morena, después de señalarlo públicamente como un corrupto, pero hoy dice que nunca terminó de sentirse identificado con el movimiento de la 4T.
¡Vaya revelación! Esto si merece una mención especial porque se revela como aquel cliente que pasó años comiendo gratis en una fonda y, al final, cuando le empezaron a cobrar, dijo que nunca le gustó el sazón.
La incomodidad, según parece, era profunda y tal vez tenga una sola explicación. ¿Cómo podría Evaristo Hernández Cruz, convivir con los principios de «no robar, no mentir y no traicionar al pueblo»? Sería imposible.
Este personaje estuvo bien dentro de Morena mientras le dieron la oportunidad de ser alcalde de Centro por segunda ocasión, también se le vio muy contento cuando el gobernador Javier May le dio la oportunidad de estar al frente del Colegio de Bachilleres de Tabasco.
Sin embargo, la experiencia del “tal Evaristo” se volvió incómoda cuando en el Coabatab le pusieron un director administrativo que le cerró por completo la tentación de meterle mano al presupuesto público.
Por si fuera poco, también ha puesto en marcha una nueva apuesta familiar. Su hijo, Evaristo Hernández Silván, un personaje prácticamente desconocido para la mayoría de los ciudadanos tabasqueños, busca abrirse paso rumbo a una diputación local.
Ahora resulta que el cachorro de Evaristo, quien por desgracia lleva su mismo nombre y pasó casi dos años en la Secretaría de Gobierno cobrando sin hacer nada, ahora se perfila como un político que disputará también una curul, cuando su desempeño podría competir por el récord estatal de invisibilidad burocrática.
El tal Evaristo dice que se siente libre como un tucán en el PVEM, ahora le hace “fuchi, caca” a Morena porque no encajó en un gobierno que trabaja bajo una lógica distinta a la que el excalde de Centro estaba acostumbrado.
Es decir, no se acostumbró a destinar recursos a programas, infraestructura y necesidades sociales, antes que a negocios privados disfrazados de cualquier cosa, menos de beneficio para el pueblo.
Digamos que, cuando alguien está acostumbrado a que el presupuesto sea una oportunidad de negocios, le cuesta trabajo adaptarse a un modelo donde el dinero se utiliza para beneficiar a la gente y no para inflar cuentas particulares.
Ahí es donde aparecen las molestias, las diferencias ideológicas y las repentinas crisis de identidad política.
Por eso no sorprende escuchar que Evaristo se siente distante de Morena. Lo extraño habría sido verlo cómodo.
Al final, parece que escuchar palabras como honestidad, transparencia, austeridad o rendición de cuentas le provocan urticaria al tal Evaristo, por eso nunca se sintió identificado con Morena.
Sassón
Queda claro que la ambición política del exalcalde goza de excelente salud. Cambia de partido, cambia de discurso, pero su apetito por el poder y el dinero permanece intacto. ¿Será que los villahermosinos se dejarán engañar de nuevo? Pero, sobre todo, ¿logrará engañar a Manuel Velasco que es campeón de la mentira?

