✍️ Eugenio Hernández Sasso
El mensaje político de Javier May Rodríguez fue directo para sus adversarios desde Plaza de Armas, donde hace décadas se denunció el fraude electoral y el abuso del poder por parte del ahora inexistente régimen priista.
Desde ahí, durante el «Encuentro con el Pueblo», el pasado viernes Javier May sostuvo que hay quienes buscan desacreditar el proceso de transformación y regresar al pasado y les recomendó que «esperen sentados» porque el rumbo de su gobierno no se torcerá y a él nada lo detendrá.
Los calificó como «viejos corruptos disfrazados de supuestos demócratas, simuladores profesionales que pretenden engañar al pueblo y que quisieran que dejáramos el territorio y caigamos en el desánimo».
Más allá del tono combativo, el fondo del discurso apunta a consolidar la identidad política de un movimiento que se asume invencible porque se alimenta del respaldo popular.
La escena no pudo estar mejor resumida, pues el mensaje se envió desde la emblemática Plaza de Armas, testigo del arranque del movimiento de transformación en Tabasco en 1989, cuando miles protestaban para exigir respeto a la voluntad popular.
Ahí, donde hace años hubo confrontación, gases lacrimógenos y una fuerte división política, ahora se proyectó un mensaje distinto, el de un gobierno cercano a la gente, programas sociales y una reconciliación que antes no existía.
En esa narrativa, los programas sociales no son simples apoyos, sino herramientas para construir historias de éxito y fortalecer el tejido social que antes estaba dividido.
Queda claro que, en Tabasco, el nuevo estilo de gobernar ha marcado distancia con el pasado al presentarse como una administración de territorio, de contacto directo con la gente y con una transformación que no es eslogan, sino práctica cotidiana.
Bajo esa lógica, el viernes pasado el mandatario tabasqueño sosuvo que nada detiene el avance cuando el pueblo participa y se convierte en protagonista de un mejor servicio público.
Este fin de semana, 36 años después de aquellos primeros episodios de tensión que auguraban la caída del régimen priista, el discurso gubernamental ante la representación de campesinos, pescadores, mujeres emprendedoras, ganaderos, estudiantes, personas con discapacidad, deportistas, adultos mayores, artesanas, comerciantes y transportistas, demostró que la entidad camina por una nueva ruta de progreso, paz y armonía.
La diferencia que marca el fondo es la forma de gobierno de territorio contra uno de escritorio que ya fue superado.
El dato es contundente en términos de presencia política al revelar más de 300 visitas a centros integradores.
Esto, por supuesto, no se trata únicamente de números sino de enviar el mensaje de que el poder se ejerce cerca de la gente y no desde la distancia burocrática.
En ese mismo tono se presentaron resultados que el gobierno considera prueba de que la estrategia funciona, toda vez que se alcanzaron ingresos estatales históricos que superan los 6 mil millones de pesos.
Además, se ejerció un incremento de 19.5 por ciento en el presupuesto de seguridad, con mejoras salariales para los agentes que se traduce en la pacificación del estado.
Asimismo, más de 534 mil familias se han beneficiado con la tarifa eléctrica F1 de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), lo que representa más de 400 millones de pesos en alivio para los hogares tabasqueños.
A ello se suman programas productivos y sociales impulsados con recursos estatales como Sembrando Vida, Tandas para la Mujer, Crédito Ganadero a la Palabra, Pescando Vida, Crédito Porcino a la Palabra y el programa de Fabricación de Cayucos, entre otros que han fortalecido la economía local desde el campo y las comunidades.
El desafío, como siempre, será que el mensaje encuentre sustento permanente en los resultados, porque si algo enseña la historia reciente de Tabasco es que el respaldo del pueblo se gana todos los días en el territorio y ese es, precisamente, el terreno donde el gobierno de Javier May ha decidido librar su principal batalla.
Sassón
En primera fila estaba Darvin Gonzales Ballina, quien fue reprimido en 1995 en ese mismo lugar por granaderos y grupos de choque que comandaba el gobierno del PRI. En el estrado, José Ramiro López Obrador y Rafael Elías Sánchez Cabrales, también fundadores del movimiento. No cabe duda que los tiempos cambian.

