✍️ Eugenio Hernández Sasso
En política, los resultados son el único discurso que no admite réplica. Y en Tabasco, al cierre de 2025 y con el arranque de 2026, los números comienzan a contar una historia distinta a la que por años marcó la agenda pública: una entidad atrapada por la violencia, el desorden financiero y la falta de rumbo.
El gobernador Javier May Rodríguez cerró su primer año completo de gobierno con una señal clara: cuando hay trabajo constante y un manejo honesto del presupuesto, el cambio deja de ser promesa y empieza a sentirse en la calle.
El dato más contundente está en la seguridad. Durante 2025, los homicidios dolosos disminuyeron hasta en un 63 por ciento en comparación con 2024. No se trata solo de una cifra fría; es un indicador que impacta directamente en la vida cotidiana. La percepción de seguridad ha comenzado a mejorar y, aunque el reto sigue siendo enorme, la tendencia marca un quiebre con el pasado reciente.
La estrategia ha sido integral: coordinación con la Federación, fortalecimiento institucional y acciones operativas claras. Los resultados están a la vista: mil 567 órdenes de aprehensión cumplimentadas, 822 cateos del fuero común, 212 sentencias condenatorias, además de 57 cateos del fuero federal.
Para 2026, la apuesta es consolidar este avance con una inversión adicional de 410 millones de pesos destinados a equipamiento, capacitación y mejora de infraestructura en seguridad pública. No improvisación, sino planeación.
Pero la seguridad, por sí sola, no sostiene el desarrollo. Y en ese terreno, el gobierno de Javier May también ha movido piezas clave. Su administración cerró 2025 sin subejercicios, ejerciendo el 100 por ciento del presupuesto, con ahorros cercanos a los mil millones de pesos y una recaudación histórica de alrededor de 6 mil 500 millones de pesos. En un estado acostumbrado a la opacidad y al desorden financiero, esta estabilidad no es menor, es una base sólida para el crecimiento.
La obra pública ha sido uno de los motores visibles del cambio. En 2025 se ejercieron más de 3 mil 500 millones de pesos en infraestructura, pese a las dificultades heredadas por el desgobierno del pasado. Calles, caminos, servicios y proyectos estratégicos comienzan a transformar el rostro de municipios que durante años fueron relegados.
A ello se suma el impulso a la vivienda. Tres mil 200 familias ya cuentan con una casa digna, y el plan es aún más ambicioso, 60 mil viviendas que se construirán a través del Infonavit, generando 8 mil 800 empleos directos y 36 mil indirectos. Desarrollo social y crecimiento económico caminando juntos, no como discursos separados.
El 2026 abre con proyectos que apuntan al largo plazo. La modernización del transporte, el ambicioso proyecto Villahermosa 2030 y la consolidación de la policía metropolitana, hoy ya una realidad en el municipio de Centro, reflejan una visión que trasciende la coyuntura política y busca sentar bases duraderas.
Por eso, cada día se le dificulta más a la oposición sostener una narrativa de fracaso. No porque el gobierno sea perfecto —ninguno lo es—, sino porque los argumentos se diluyen frente a resultados medibles. El llamado “gobierno del pueblo” ha empezado a demostrar que gobernar con austeridad, disciplina y cercanía social no solo es posible, sino eficaz.
Tabasco no está aún donde merece estar, pero claramente ya no está donde estaba. Y en política, ese primer paso —el más difícil— ya se dio. El desafío ahora es no detenerse.
Sassón
Para el pueblo: austeridad republicana y pobreza franciscana. Para funcionarios y políticos con cargos de elección popular: privilegios, suntuosidad y lujos. Ese es el mensaje frívolo de Gerardo Fernández Noroña, un hombre que ejemplifica claramente una clase política representativa del gobierno rico con pueblo pobre.

