✍️ Eugenio Hernández Sasso
Lo ocurrido el martes pasado en Dos Bocas, Paraíso, no puede seguir tratándose como un accidente aislado, se debe reconocer que la refinería Olmeca ha entrado en una fase donde los incidentes se perfilan como consecuencia de un modelo de operación deficiente que ocasionó la muerte de cinco personas en un incendio.
El dato más inquietante no es la cifra, sino que la tragedia ocurrió en el contexto de una instalación rodeada de advertencias ignoradas.
En la periferia de la refinería no solo hubo fuego sino señales previas con la presencia de “aguas aceitosas” que debió activar protocolos estrictos de contención.
Sin embargo, no ocurrió así. Por el contrario, todo indica que la fuga de hidrocarburos se extendió sin control hasta encontrar un punto de encendido con el calor de un vehículo que transitaba por la zona con trabajadores a bordo.
La responsabilidad de la administración actual de la refinería es ineludible, como también lo es de Rocío Nahle, quien estuvo a cargo de la construcción que quedó marcada por decisiones que hoy exhiben, con muerte, sus consecuencias.
Por otra parte, a la presidenta Claudia Sheinbaum parece que le han hecho llegar información parcial y desviada de la realidad, cosa que retrasa la toma de decisiones basadas en evidencia, pues ese mismo martes le dijeron que la refinería estaba “al cien” y que solo había sido un incendio en la periferia.
Apenas 24 horas después la situación escaló, cuando pescadores denunciaron la presencia de una mancha de hidrocarburos en el Río Seco y afectaciones en la laguna Mecoacán.
La descripción señala la presencia de una capa tornasolada sobre las aguas, olor a combustible y peces muertos.
Esto no es percepción social, es contaminación verificable y, sin embargo, Petróleos Mexicanos, hasta hoy, no ha ofrecido una explicación clara ni un plan de remediación contundente.
Asimismo, no debe pasar desapercibido el dato de la reubicación de escuelas cercanas ordenado por la presidenta Claudia Sheinbaum.
Técnicamente, esa medida solo se justifica cuando el riesgo es real y no mitigable en el corto plazo; es, en otras palabras, una admisión implícita de que la historia previa, aquella que negaba cualquier peligro, actualmente es insostenible.
En resumidas cuentas, la refinería Olmeca en Dos Bocas no enfrenta un problema de comunicación, enfrenta un problema estructural.
Mientras las autoridades sigan administrando la crisis en lugar de corregir las causas, cada incidente será la confirmación de un sistema que opera al límite, hasta que falla y ésta se mide en pérdidas humanas y en el colapso del ecosistema.
Ese día martes, en víspera de la celebración de un aniversario más de la expropiación petrolera, también circularon imágenes en redes sociales donde se notaba la presencia de combustible que salía de las coladeras, por los encharcamientos que generó la fuerte lluvia, cosa que el alcalde Alfonso Baca negó inmediatamente.
Si en realidad el drenaje vomitaba petróleo o “aguas aceitosas”, entonces la cabecera municipal de Paraíso podría estar convertida en un polvorín y, el presidente Baca, sería cómplice de una tragedia mayor si no denuncia o pide la inmediata corrección del problema.
Sassón
Definitivamente la actividad petrolera en Tabasco parece una maldición. Desde que llegó ha contaminado ecosistemas, ha generado luto en muchas familias y, ahora, la refinería Olmeca no solo representa corrupción (con un sobrecosto de 13 mmdd) sino también tragedia. No ha producido gasolina, pero si ha provocado muerte.

