✍️ Eugenio Hernández Sasso
La pregunta que ya no se queda en los cafés políticos ni en los chats de reporteros es ¿de verdad el poder se ejerce desde Palenque y no desde Palacio Nacional? Y la otra interrogante, todavía más incómoda, sería ¿Claudia Sheinbaum gobierna con plena autonomía o sigue orbitando alrededor de la figura de Andrés Manuel López Obrador?
Desde que arrancó el sexenio, el gabinete parecía más herencia que decisión. La nueva administración se suponía con sello prestado, con inercias ajenas y compromisos que no se rompen de un día para otro. Como muchos saben, y si no lo intuyen, en política quien hereda, carga.
A casi año y medio de gobierno, la presidenta ha intentado sacudirse esos lastres, lo ha hecho con movimientos discretos, cambios calculados y una estrategia que busca marcar distancia sin romper del todo. Sin presión de Estados Unidos, entiéndase por favor.
Sin embargo, el asunto es estructural, dado que los equilibrios del poder no se desarman con discursos, sino con el control territorial y partidista. Ahí es donde la «cocha» tuerce el rabo.
La sombra de Adán Augusto López sigue pesando. Aunque ya fue desplazado de la Junta de Coordinación Política del Senado, su influencia en Morena no ha desaparecido del todo, al contrario, parece reacomodarse.
A eso habría que sumarle la operación política de Morena atribuida a Andy López Beltrán y, entonces, el mapa se vuelve más claro porque exhibe los hilos que no pasan por el escritorio presidencial, sino por estructuras paralelas.
Es como si Andrés Manuel López Obrador hubiera instalado un WiFi invisible para seguir dando órdenes desde su exilio en La Chingada.
Esto podría leerse como un mensaje fundamentado en la historia, pues en términos de poder, como bien se sabe, Palenque representa uno de los centros políticos más influyentes y sofisticados del periodo Clásico maya, donde se constituyó la sede de una de las dinastías más poderosas que logró transformar un reino. Tiene sentido la hipótesis.
La poda del “follaje” heredado del régimen anterior no tendría que limitarse a la figura del expresidente, sino también alcanzaría a su entorno más cercano.
Sin ir más lejos, la influencia atribuida a Beatriz Gutiérrez Müller quedó expuesta en la Secretaría de Educación Pública con el escándalo protagonizado por Marx Arriaga Navarro, destructor del modelo de los libros de texto, al intentar aferrarse al cargo.
Es decir, cuando un liderazgo sale del escenario formal, pero conserva influencia política, mediática y territorial, la presidencia se vuelve un campo de negociación permanente.
¿Sheinbaum ejerce? Sí. ¿Totalmente? Todavía no queda claro, puesto que gobernar con la herencia del proyecto anterior implica administrar lealtades, resistencias y expectativas.
Asimismo, implica demostrar que la silla no tiene dueño vitalicio, aunque se presuma que se sigue despachando simbólicamente desde la tierra de Pakal.
La política mexicana tiene algo de teatro y mucho de realidad cruda, pues quien controla el partido, controla la narrativa, y quien controla la narrativa, controla el rumbo. Por ese motivo más de uno jura que el timón no está donde dice la Constitución, sino donde se construyó el mito.
Sassón
¿Será que Palenque siga convertido en la capital de la política mexicana? En 2027 quedará claro quién manda, dado que el próximo año estarán en disputa 500 diputaciones federales, 17 gubernaturas, 31 congresos locales y mil 718 ayuntamientos, además, se tendrán comicios para integrar los cargos del Poder Judicial Federal y Local pendientes. Ya veremos, dijo un ciego… antes de volverse sordo.

