✍️ Eugenio Hernández Sasso
Erigido como misionero de la paz, Eduardo Ramírez Aguilar, gobernador del estado de Chiapas, lanzó un mensaje, ubicado en el presente, con visión de futuro. «Venimos a decirle a Chiapas y a México: en Pantelhó se vive en paz, porque se aplica la ley. No vamos a desistir».
La frase sintetiza la apuesta de su administración por convertir la recuperación de la seguridad en el eje de una nueva etapa para uno de los municipios más golpeados por la violencia. La señal lleva la intención de que es escuche en todo México, sin duda.
Durante la Jornada por la Paz en ese municipio, caracterizado por la violencia y el abandono, El Jaguar se plantó frente el micrófono y resaltó la coordinación entre los distintos órdenes de gobierno y la presencia permanente de las corporaciones de seguridad para fortalecer la paz en el municipio y la región.
Más allá del simbolismo del acto, el mensaje busca proyectar que la presencia institucional ha sustituido al vacío de autoridad que durante años permitió el crecimiento de los conflictos armados.
La importancia de este anuncio cobra mayor dimensión al recordar el contexto que vivió Pantelhó, toda vez que la confrontación entre el grupo de autodefensas El Machete y la organización criminal conocida como Los Herrera, convirtió al municipio en un foco rojo nacional.
Los enfrentamientos dejaron familias desplazadas, desapariciones, comunidades prácticamente abandonadas y una profunda crisis que evidenció la ausencia del Estado y abrió espacios para que grupos armados disputaran el control político y territorial.
Frente a esa realidad, la estrategia “Prevenir para el Buen Vivir” pretende demostrar que la seguridad no puede sostenerse únicamente mediante operativos policiales o militares, sino que la recuperación de la gobernabilidad requiere instituciones presentes, servicios públicos eficientes y obras que mejoren la calidad de vida de la población.
En esa lógica se inscribe el inicio de la construcción de los sistemas de agua potable en San José del Carmen y La Esmeralda, una demanda histórica que ahora comienza a materializarse.
El mensaje de las autoridades también refleja una visión integral, pues mientras la Secretaría de Seguridad del Pueblo y la Fiscalía General del Estado reiteran que continuará la aplicación de la ley y el combate a quienes pretendan alterar el orden, otras dependencias acercan programas sociales y acciones comunitarias orientadas a fortalecer el tejido social.
Sin embargo, la consolidación de la paz no puede evaluarse únicamente desde el discurso oficial. Su verdadera fortaleza dependerá de resultados medibles y sostenibles, de tal forma que las familias desplazadas regresen con seguridad, que disminuyan los delitos de alto impacto, exista confianza ciudadana en las instituciones y el desarrollo llegue de manera permanente a las comunidades.
Sassón
Si la presencia institucional logra mantenerse y las acciones sociales acompañan la estrategia de seguridad, el municipio podría convertirse en un ejemplo de recuperación de la gobernabilidad para todo el país. Así de sencillo. El comienzo siempre es pequeño, pero el final es muy grande.
