✍️ Eugenio Hernández Sasso
La eficiencia en el gasto del presupuesto y la recuperación de la confianza ciudadana es el nuevo modelo financiero que se ejerce en Tabasco, con un ejemplo claro de cómo el manejo de los recursos públicos puede marcar una diferencia fundamental entre distintas administraciones.
Tabasco transita de una etapa marcada por corrupción, opacidad, endeudamiento e ineficiencia, hacia un modelo donde la disciplina financiera y la orientación social del gasto comienzan a rendir frutos.
A un año y medio del gobierno encabezado por Javier May Rodríguez, se ha comenzado a construir la historia de un ejercicio eficiente, honesto y orientado a resultados concretos para la población.
La recaudación histórica superior a los 500 millones de pesos reportada en los primeros tres meses de 2026 es la consecuencia de una política hacendaria moderna y la recuperación de la confianza ciudadana.
Este escenario contrasta de forma contundente con el legado de las administraciones anteriores de Adán Augusto López Hernández y Carlos Manuel Merino Campos.
Estos dos exgobernadores arrastraron problemas financieros significativos, incluyendo incumplimientos de pago que derivaron en deudas millonarias con la Comisión Federal de Electricidad, por ejemplo.
En tan solo tres años, la gestión de Adán Augusto dejó compromisos financieros por más de 5 mil 200 millones de pesos, sin que ello se tradujera en un impacto tangible en el desarrollo del estado.
Más atrás, el sexenio de Arturo Núñez Jiménez también dejó irregularidades que superaron los 9 mil millones de pesos, además de deudas con proveedores por un monto superior a los mil 200 millones.
Estos datos no solo reflejan problemas administrativos, sino la generación de una profunda crisis de confianza ciudadana hacia el gobierno porque hubo abundancia de dinero, pero las obras escasearon.
En ese contexto, el desempeño actual adquiere mayor relevancia, toda vez que la Secretaría de Finanzas ha sido enfática en aclarar que no existe contratación de nueva deuda a largo plazo y eso pone muy nerviosos a los adversarios de Javier May.
Los instrumentos financieros utilizados, como el crédito para el proyecto Villahermosa 2030, están diseñados para liquidarse dentro del mismo sexenio, sin trasladar cargas a futuras administraciones.
Más allá de los números, el elemento central de esta administración sería la recuperación de la confianza, pues cuando la ciudadanía percibe que sus contribuciones se traducen en obras, servicios y programas, la disposición a cumplir con sus obligaciones fiscales aumenta.
De ahí que la eficiencia recaudatoria esté íntimamente ligada a la credibilidad institucional.
El gobierno actual ha complementado esta estrategia financiera con una política activa en territorio, en la que todos los días se inauguran nuevas obras y se incian otras.
Además, no solo se han puesto en marcha programas federales, sino también locales de apoyo a productores agrícolas, pescadores y ganaderos, así como esquemas de mecanización agrícola y respaldo a sectores clave como el cacao.
Esto configura un modelo que busca dinamizar la economía desde lo local y habría que sumarle la entrega de herramientas tecnológicas a estudiantes y financiamiento para mujeres, ampliando el alcance del gasto público.
La diferencia, en suma, no radica en la cantidad de recursos disponibles, sino en la forma en que se administran.
Sassón
La razón por la cual en este gobierno se hacen muchas obras en beneficio del pueblo con un presupuesto similar al de sexenios anteriores es solo una: honestidad.

