✍️ Eugenio Hernández Sasso
El mensaje del Poder Judicial de Tabasco es claro y contundente en cuanto a que no hay cabida para la corrupción ni para las malas prácticas dentro de la institución.
La confianza pública en la justicia se construye con decisiones concretas y, en este caso, la respuesta del presidente del Tribunal Superior de Justicia (TSJ), Efraín Reséndez Bocanegra, fue contundente al someter a investigación, de forma inmediata, a un presunto mal funcionario.
Como bien se sabe, la elección de juzgadores por voto directo fue, entre otras cosas, para contrarrestar la percepción de que los poderes judiciales eran estructuras cerradas, lentas para reaccionar y poco proclives a sancionar sus propias desviaciones.
La gestión de Efraín Reséndez Bocanegra al frente del TSJ ha comenzado a mostrar un enfoque particular en el combate a la corrupción interna heredada y la reducción de los márgenes de impunidad dentro de la estructura judicial.
El reciente hecho permite observar con claridad esa línea de actuación, dado que el doctor Carlos González Maza denunció públicamente haber sido víctima de un presunto fraude genérico orquestado por un grupo de abogados, con la supuesta complicidad del actuario del TSJ, Pascual Torres López.
Lo relevante desde la perspectiva institucional es la reacción inmediata, ya que el funcionario señalado fue puesto a disposición del Tribunal de Disciplina Judicial para ser investigado.
Al actuarse con rapidez frente a una denuncia pública, se envía el mensaje claro, hacia dentro y hacia fuera, que ningún servidor público está exento de ser investigado si existen señalamientos fundados. En el TSJ de Tabasco ya no hay intocables.
La estrategia de Reséndez Bocanegra, sin embargo, posee como característica más visible la apertura institucional a través de audiencias públicas y jornadas en territorio.
Desde el inicio de su administración se han realizado más de dos mil audiencias, en las que ciudadanos han podido plantear quejas, inconformidades o problemáticas relacionadas con la impartición de justicia.
Aquí no resalta únicamente la cifra, sino el hecho de que estas audiencias han permitido canalizar los casos hacia las áreas correspondientes, evitando que las denuncias queden atrapadas en la burocracia o, peor aún, en el silencio institucional.
Los datos derivados de este esquema de atención ofrecen una radiografía del funcionamiento interno del sistema judicial que se encuentra en transformación total.
Según se ha informado, de 286 quejas específicas recibidas, 10 funcionarios han sido sancionados, dos han sido cesados de su cargo y 133 se encuentran actualmente en etapa de investigación. Entre estos casos figura también el del actuario señalado en la denuncia reciente.
En un contexto donde la corrupción suele sobrevivir precisamente gracias a la ausencia de consecuencias, el hecho de que existan procesos disciplinarios activos constituye un elemento relevante.
Un elemento que también caracteriza el estilo de trabajo del presidente del Tribunal Superior de Justicia es la discreción mediática. A diferencia de otros espacios del poder público, donde el interés político suele privilegiar el anuncio constante, muchas de las acciones emprendidas en el Poder Judicial tabasqueño han ocurrido con bajo perfil comunicacional.
Esta ausencia de «cacareo» es una señal de que el trabajo institucional se está realizando sin convertir cada acción administrativa en un acto propagandístico con fines políticos o de cualquier otra índole.
Actualmente, magistrados, jueces y funcionarios judiciales están obligados a conducirse con profesionalismo, imparcialidad y estricto apego a la ley.
Por ello, el mensaje específico es que desde el Poder Judicial de Tabasco no hay cabida para la corrupción ni para las malas prácticas dentro de la institución.
Sassón
En el TSJ la depuración es real.

