✍️ Eugenio Hernández Sasso
En Tabasco, la disputa por el poder no se ha detenido, simplemente ha cambiado de forma y, en el fondo de ese reacomodo político, hay una constante que no pasa desapercibida, la mano de Adán Augusto López Hernández y su grupo, empeñados en no soltar el control del estado, aunque eso implique fragmentar, infiltrar y tensar el sistema político local.
La reciente renuncia de Jesús Alí de la Torre a Morena, sumada a la salida previa de Evaristo Hernández Cruz, no son hechos aislados ni espontáneos, son movimientos calculados dentro de una estrategia más amplia.
A ellos se agrega Humberto de los Santos Bertruy, quien desde la construcción de la nueva organización política Alternativa Social busca reposicionarse también en el tablero.
Los tres tienen en común haber gobernado (o desgobernado) el municipio de Centro y hoy pretenden regresar, pero desde distintas trincheras partidistas.
El PVEM, PT, e incluso Movimiento Ciudadano aparecen como posibles plataformas de estos tres personajes. No es coincidencia. Es dispersión táctica y la mano que mece la cuna parece estar en el Senado de la República.
Detrás de esa aparente pluralidad está la lógica clara de multiplicar frentes para mantener influencia, dado que competir directamente contra Morena es cuesta arriba y eso no lo ignoran.
También entienden que el verdadero objetivo no es necesariamente ganar la alcaldía de Centro, sino asegurar posiciones, particularmente plurinominales en el Congreso del Estado, que les permitan incidir, presionar y condicionar al gobierno de Javier May en la segunda mitad de su administración.
Esto podría considerarse una política de cerco, de desgaste, de cálculo frío para recuperar el poder y los privilegios que, en parte, perdieron en 2024.
Evaristo Hernández, en su salida, no escatimó críticas contra el partido que lo llevó nuevamente a la alcaldía en 2018.
Jesús Alí repite el mismo libreto. Tras 25 años en el PRI, renunció en 2016 con un discurso de supuesta reivindicación ciudadana. En 2018 intentó ser candidato independiente, pero su proyecto naufragó entre acusaciones de irregularidades en la recolección de firmas. Hoy, nuevamente, se presenta como víctima de un sistema que, según él, es manipulado, capturado y financiado de forma dudosa.
El problema no es lo que dicen, sino la falta de consistencia entre lo que dicen y lo que han hecho durante décadas.
La constante es de políticos que cambian de partido con la misma facilidad con la que cambian de discurso. No hay ideología, no hay principios, no hay proyecto de largo plazo. Solo hay una obsesión por mantenerse en el poder y «administrar» el dinero del pueblo.
Han transitado de sigla en sigla como equilibristas del oportunismo, aferrándose a cualquier estructura que les permita seguir vigentes. No representan causas, representan intereses y, cuando esos intereses se ven amenazados, recurren al discurso de la persecución, del fraude o de la manipulación institucional.
En este contexto, no es menor el señalamiento contra el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Tabasco.
Desacreditar al árbitro es una estrategia conocida de debilitar la confianza pública para, llegado el momento, tener un argumento listo en caso de derrota.
Jesús Alí dijo sin matices que el Instituto es “una oficina más del gobierno” y que los resultados pueden revertirse “en lo oscurito”.
Por su parte, Humberto de los Santos ha denunciado obstáculos para el registro de su nuevo partido.
El mensaje es sembrar duda, erosionar legitimidad y preparar el terreno para la confrontación postelectoral. Se nota con claridad.
El grupo de Adán Augusto no está apostando a una sola carta, sino a varias. No busca necesariamente una victoria limpia, sino mantener capacidad de maniobra, controlar espacios, influir decisiones, condicionar gobiernos.
Rumbo a 2027 y, sobre todo, hacia 2030, lo que está en juego no es solo la alcaldía de Centro, es el control político de Tabasco.
Sassón
¿Alguien podrá impedir que en 2027 vuelva el grupo que ha saqueado a Tabasco ataviado de distintos colores?

