✍️ Eugenio Hernández Sasso
En Tuxtla las denuncias contra Angel Torres Culebro ya no sorprenden, lo que verdaderamente inquieta es la normalización de los señalamientos, toda vez que el nombre del alcalde vuelve a colocarse en el centro del debate público, no por resultados de gobierno, sino por acusaciones que dibujan, como un patrón preocupante, la promoción anticipada, presunto uso clientelar de programas sociales y una sombra de corrupción que lo acompaña desde el sexenio de Rutilio Escandón Cadenas.
La más reciente ofensiva legal la encabeza Manuel de Jesús Cruz Espinosa, quien presentó denuncia formal ante el Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana (IEPC) por presuntos actos anticipados de precampaña. La acusación no es menor, pues implica que el alcalde de Tuxtla Gutiérrez estaría utilizando programas municipales para posicionar su imagen rumbo a una eventual reelección en 2027.
El señalamiento se centra en el programa “Calles Felices”, que, según la denuncia pública difundida en video y replicada en diario Ultimátum, habría servido como plataforma de promoción personalizada.
El abogado, quien por cierto ya le ha ganado juicios al ayuntamiento, señala que en colonias como Satélite Loma Larga, beneficiarios no solo agradecen apoyos, sino que abiertamente piden la reelección del edil. Esto podría configurarse como una estrategia bien planeada por el famoso «Caído».
Cuando el agradecimiento ciudadano se convierte en consigna política antes de los tiempos legales, la línea entre gestión pública y campaña se difumina peligrosamente.
No es la primera vez que Torres Culebro enfrenta cuestionamientos. Los regidores Francisco Rojas Toledo y Areli Latournerie Castellanos lo denunciaron previamente ante la Auditoría Superior del Estado (ASE), la Secretaría Anticorrupción y la Fiscalía General del Estado por presuntas irregularidades administrativas.
A ello se suma un historial de señalamientos desde su paso por la Secretaría de Obras Públicas estatal. El denominador común no es la prueba judicial, que corresponde determinar a las autoridades, sino la reiteración de dudas sobre la pulcritud en el ejercicio del poder y el manto de impunidad que lo cobija. ¿Será tan poderoso su protector?
El problema político de fondo no es solo jurídico, es ético. Cuando un alcalde distribuye patitos, pollitos y cochitos, kits de uñas o láminas bajo el argumento de apoyo social, pero en un contexto de evidente posicionamiento personal, la sospecha de clientelismo se vuelve inevitable.
La legislación electoral mexicana es clara en cuanto a la prohibición de promoción personalizada y actos anticipados de precampaña y campaña. Si se acreditara que recursos públicos fueron utilizados con fines proselitistas, estaríamos ante una falta grave que merece sanción ejemplar en una ERA del gobierno que no solapa corrupción ni impunidad.
La reacción institucional será clave, el IEPC deberá determinar si admite la queja y, en su caso, si concede medidas cautelares.
Más allá del procedimiento, lo que está en juego es la credibilidad del árbitro electoral y la vigencia del principio de equidad en la contienda. Si los tiempos electorales pueden adelantarse sin consecuencias, la competencia democrática se pervierte desde su origen, pues entonces todos querrán hacer lo mismo.
También hay responsabilidad política de los partidos y del cabildo, y Cruz Espinosa lo señaló con claridad dado que estas conductas tendrían que ser vigiladas por regidores, legisladores y fuerzas políticas. El silencio o la tibieza institucional terminan siendo cómplices involuntarios de posibles excesos.
Ángel Torres busca proyectarse como continuidad, pero ésta, en política, no solo se construye con presencia territorial, sino con legitimidad, la cual esa se erosiona cuando la percepción pública asocia la gestión con promoción anticipada y programas de corte clientelar.
El asunto no es si puede reelegirse, puesto que la ley lo permite bajo ciertas condiciones, la duda es si puede hacerlo sin que la sombra de la sospecha lo acompañe. Recordemos que la forma es fondo, y cuando la forma huele a campaña disfrazada de gobierno, el fondo termina siendo profundamente político.
Sassón
Inexplicablemente Ángel Torres y Pepe Cruz, los.pperdbajes mejor identificados con el grupo Tabasco y los más señalados de presuntos actos de corrupción caminan exentos de cualquier escarmiento por los senderos de la Nueva ERA.

