✍️ Eugenio Hernández Sasso
En Tabasco hasta los dolores abdominales tienen lectura política. El gobernador Javier May reapareció este lunes en la conferencia mañanera del pueblo, sonriente, entero y, según él mismo dejó ver días antes en un mensaje videograbado, “bien y de buenas”. Lo que para algunos fue solo un parte médico, para otros de convirtió casi un boletín de guerra.
Durante una semana, May Rodríguez guardó reposo por prescripción médica tras un dolor abdominal que lo llevó al hospital el pasado 16 de febrero. Enfermarse no está en los planes de nadie.
Como en política el vacío no existe, de inmediato comenzaron las especulaciones en cuanto a que si el ritmo de territorio le había pasado factura, que si el estrés, que si los astros no estaban alineados y otras lindezas. En redes sociales hubo más diagnósticos que en un congreso de gastroenterología.
Pero el gobierno no se detuvo, porque si de algo presume esta administración es de equipo y, de inmediato, ahí estuvo el secretario de Gobierno, José Ramiro López Obrador, encabezando giras y eventos, sin reflectores adicionales a los estrictamente necesarios.
El secretario de Gobierno entró a la cancha disciplinado, sin cambiar la estrategia, sin protagonismos, sólo agenda y territorio, lo cual deja claro que, en tiempos donde muchos confunden encargo con campaña, el detalle no es menor.
Los detractores, por supuesto, hicieron lo suyo. Se entiende porque están para eso. Su función es erosionar, sembrar dudas, amplificar rumores y, si se puede, instalar la percepción de crisis permanente. No sería oposición si aplaudiera. El problema es cuando la crítica se vuelve deseo y el deseo casi plegaria.
En la penumbra política, esa zona donde las casualidades casi nunca son fortuitas, nadie ignora que hay grupos con recursos financieros y humanos suficientes para financiar campañas digitales, columnas anónimas y comentarios sincronizados. Esos son aquellos que se resisten a dejar el poder.
La política local es un ajedrez donde las piezas no siempre están en el tablero visible, y cuando hay recursos, estrategia y viejas cuentas por saldar, cualquier dolor ajeno puede convertirse en oportunidad propia.
Sin embargo, la reaparición de Javier May desinfló más de una versión catastrofista. No hubo deterioro físico evidente y, mucho menos, político. Al contrario volvió con el discurso firme de que la transformación sigue y que en casi año y medio hay muchos resultados que defender.
En esta administración, con los mismos recursos manejados con honestidad existen obras, programas y presencia territorial que representan el principal blindaje del gobernador frente a la especulación.
Es decir, el verdadero termómetro no es el parte médico, sino la percepción pública. Ahí es donde Javier May decidió no dejar suelta su exposición ni una semana y salió con un mensaje grabado primero, conferencia después, control de daños quirúrgico y concluyó con nada espectacular, pero efectivo en materia de comunicación política.
Al final, el episodio dejó la enseñanza involuntaria de que en Tabasco no sólo se monitorea la presión arterial del poder y un dolor en el abdomen, también se fiscaliza su presión política y la angustia de los detractores al regreso triunfal del mandatario.
Curiosamente, a quienes terminó doliéndoles el estómago -y posiblemente algo más-, fue a aquellos que soñaban con un desenlace distinto, porque si algo quedó claro tras la reaparición de Javier May este lunes en la Mañanera del Pueblo, es que el dolor fue estrictamente físico y pasajero, no político ni permanente.
Sassón
Sin lugar a dudas, cuando el adversario apuesta a tu caída y tú regresas sonriente, el malestar cambia de bando.

