✍️ Eugenio Hernández Sasso

Que bueno que el gobierno de Javier May decidió integrar el Barrio Mágico y el malecón Carlos A. Madrazo al proyecto Villahermosa 2030 para rescatarlo, porque Yolanda Osuna, en cinco años, no ha podido hacer nada por la emblemática Zona Luz.

Es inadmisible que Villahermosa presuma tener un Barrio Mágico, ese rincón que debería ser la carta de presentación para quienes llegan por primera vez a la capital tabasqueña, pero en realidad es un lugar abandonado por el ayuntamiento y, en algunas partes, pestilente a lo sumo.

En el papel el nombre suena bonito. Hasta dan ganas de imaginar calles limpias, edificios rescatados, flores, cultura y espacios dignos, pero basta alejarse unos cuantos metros de la zona comercial para descubrir que la verdadera magia consiste en sobrevivir al recorrido sin torcerse un tobillo, sin taparse la nariz y sin llevarse un buen susto.

Esa zona ya no parece Barrio Mágico; es, con todo respeto, un auténtico «Baño Mágico» dónde hay calles destrozadas, banquetas que parecen campo minado y edificios abandonados que dejaron de ser patrimonio para convertirse en dormitorios improvisados y sanitarios públicos de indigentes y migrantes.

El olor que despiden algunos inmuebles es tan penetrante que no hace falta seguir el mapa para dar con el malecón, solo basta con seguir el tufo a orines y excremento.

La famosa rampa para personas con discapacidad del puente peatonal que comunica Gaviotas Norte con el Centro es un ejemplo vergonzoso.

En lugar de representar inclusión, esa pendiente parece un excusado al aire libre y quien tenga que utilizarla enfrenta primero el reto de soportar el mal olor y luego el de llegar al otro lado del río sin mancharse de excremento.

Como si hicieran falta emociones fuertes, el foro de Plaza de Armas ofrece su propio espectáculo, pues el techo se está desprendiendo poco a poco y hace unos días cayó parte del mosaico.

Por fortuna nadie resultó lesionado, pero la suerte no puede seguir siendo la estrategia oficial de mantenimiento.

Caminar por el Centro exige tanta concentración como atravesar un campo de obstáculos. Ahí hay coladeras sin tapa, hoyancos inesperados y banquetas destruidas que aparecen como por arte de magia.

Esa sí es una verdadera muestra de ilusionismo, en la cual la infraestructura desaparece frente a los ojos de todos y nadie parece darse por enterado que el centro histórico de Villahermosa se cae a pedazos y representa un peligro.

A un costado de BBVA, el aroma a orines recibe a propios y extraños con una hospitalidad que nadie pidió y tampoco soporta. Frente a ese improvisado baño detrás de un transformador de energía eléctrica está la panadería Dos Naciones.

Más adelante, entre lo que fueron los cines Sheba y Superior, un basurero permanente se ha convertido en criadero de ratas y foco de infección. Ahí los lixiviados corren con más libertad que los peatones y contaminan el medio ambiente.

El malecón Carlos A. Madrazo, por su parte, luce hermoso del lado del río, pero basta cruzar la calle para encontrarse con un paisaje desolador de edificios abandonados, negocios muertos y estructuras que representan un peligro.

El viejo inmueble donde funcionó el restaurante Shalimar deja caer, de repente, láminas de vidrio desde las alturas, como si quisiera recordar que el abandono también mata.

La ironía es monumental. Se invirtieron alrededor de 3 mil de millones de pesos para embellecer la zona, pero del otro lado quedó un cementerio urbano sin vigilancia, sin estacionamientos y sin actividad económica.

El resultado es que pocos quieren caminar por ahí, especialmente cuando cae la noche.

¿Quién debe responder por todo esto? El Ayuntamiento de Centro tiene esa responsabilidad y, después de cinco años de administración de Yolanda Osuna, cuesta encontrar una explicación convincente para un deterioro tan evidente.

Villahermosa merece mucho más que un maquillaje turístico, más que una máscara disfrazada de Barrio Mágico. Villahermosa merece un Centro limpio, seguro, funcional y digno.

Durante todo este tiempo en que el ayuntamiento de Centro postergó soluciones, el llamado Barrio Mágico ha hecho honor a un nuevo nombre que nadie quisiera presumir: el Baño Mágico de Villahermosa.

Sassón
Se entiende que personas como Yolanda Osuna no sepan lo que pasa en el Centro de la ciudad, toda vez que las personas de su clase solo aucden a las plazas comerciales de renombre y nunca acuden al «Baño Mágico» a darse una buena ducha de malos olores.

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