✍️ Eugenio Hernández Sasso
En Chiapas, la política interna exige algo más que oficio, requiere temple, sensibilidad y una comprensión profunda de los conflictos sociales y, en ese terreno, Dulce Rodríguez Ovando ha construido una presencia que no admite dudas.
Su desempeño al frente de la Secretaría de Gobierno y Mediación confirma que su capacidad no solo está acreditada, sino respaldada por resultados.
El propio gobernador Eduardo Ramírez lo dejó claro en el podcast Platicando con el Jaguar, donde se pudo observar que más allá de la voluntad, hay en ella una operadora política con criterio, formación y habilidades para desactivar tensiones.
Dulce Rodríguez no es una improvisada. Su trayectoria como dos veces diputada local por el distrito 12, con cabecera en Pichucalco, y su paso por la Secretaría de la Mujer e Igualdad de Género le dieron tablas, pero también una visión social que hoy se traduce en decisiones con enfoque humano.
Está claro que a la Secretaría de Gobierno no llegó a aprender, llegó a ejercer y lo ha hecho con mediación auténtica, una cualidad poco común en la política contemporánea.
En un estado donde los conflictos pueden escalar con rapidez, su estilo no se inclina por la imposición, sino por el diálogo.
Diariamente escucha, procesa y resuelve. Así lo demostró al destrabar un conflicto de más de 40 años, un logro que no solo implica habilidad técnica, sino una lectura fina de los actores y sus intereses.
Su historia personal es un elemento que marca su carácter y su forma de trabajar, pues haber enfrentado y vencido el cáncer no es un dato menor, es una experiencia que redefine prioridades, fortalece el espíritu y acerca con Dios.
Esa batalla la dotó de una sensibilidad distinta, de una cercanía real con el dolor ajeno y de una convicción inquebrantable para buscar soluciones justas. Sus palabras no son discurso, son vivencia.
En la gestión de Dulce Rodríguez la política deja de ser un ejercicio frío para convertirse en un puente cálido, humano, capaz de solucionar cualquier circunstancia.
Esto la ha llevado a mantener diálogo constante con maestros, transportistas, sindicatos y trabajadores, así como con sectores históricamente complejos.
Sostener acuerdos con grupos que permanecían relegados reflejan una política que no excluye, sino que integra, porque la gobernabilidad no se impone, se construye con actitud y carácter.
Además, su labor ha permeado en políticas públicas con impacto social, en un claro entendimiento de la visión del gobernador Eduardo Ramírez Aguilar.
Por ejemplo, su gestión ha contribuido a que adultos mayores que antes no podían acceder a cirugías o medicamentos por falta de seguridad laboral, hoy encuentran alternativas.
Asimismo, comunidades que durante años vivieron en el rezago, como en Oxchuc, ahora comienzan a transitar hacia condiciones de mayor bienestar, materializando el discurso “del olvido a la prosperidad” como un verdadero rugido de El Jaguar.
Dulce Rodríguez Ovando encarna hoy una combinación poco frecuente de firmeza con sensibilidad en la Secretaría de Gobierno y Mediación, de dulzura con carácter que demuestra la capacidad de las mujeres para desempeñarse en cualquier lugar.
Es, sin duda alguna, una servidora pública de tiempo completo que entiende que gobernar no es administrar conflictos, sino resolverlos con justicia. Su estilo no es estridente, pero sí eficaz. No busca protagonismo, solo genera resultados.
Sassón
En tiempos donde la política suele endurecerse, su “dulzura” no es debilidad, sino estrategia. En Chiapas, esa firmeza con rostro humano está marcando la diferencia.

