✍️ Eugenio Hernández Sasso
El próximo domingo arranca la Semana Santa, una de las temporadas más significativas del calendario, no solo por su carga religiosa, sino por su impacto social, económico y turístico.
Para miles de familias, estos días representan una oportunidad de descanso, convivencia y esparcimiento, en sintonía con el periodo vacacional de estudiantes.
Playas, balnearios, pueblos mágicos y destinos naturales se convierten en puntos de encuentro donde el tiempo parece desacelerarse.
Sin embargo, no todos optan por el turismo. Para muchos, estos días conservan un profundo sentido espiritual. Son jornadas de recogimiento, de reflexión y de cercanía con la fe.
En esta época se ven iglesias llenas y actos litúrgicos que dan cuenta de una tradición la cual, pese al paso del tiempo, sigue vigente en amplios sectores de la población.
Esta dualidad, entre el descanso recreativo y la introspección religiosa, define el carácter de la Semana Santa en México.
Cada decisión, desde salir de viaje hasta permanecer en casa o asistir a celebraciones religiosas, responde a valores personales, creencias y circunstancias particulares.
Sin embargo, la prudencia debería ser un elemento común en todos los casos, pero lamentablemente, esta temporada también suele estar marcada por excesos, particularmente en el consumo de alcohol, que derivan en accidentes viales y tragedias familiares. El llamado a la responsabilidad no es menor; es, de hecho, indispensable.
En este contexto, la Semana Santa también se convierte en un termómetro para las autoridades, especialmente en materia turística.
En Chiapas, la mirada está puesta sobre el desempeño de la Secretaría de Turismo encabezada por Segundo Guillén Gordillo.
Más allá de discursos y estrategias anunciadas, será en estos días cuando se pueda evaluar con mayor claridad la efectividad de la promoción del estado como destino.
Los indicadores serán concretos en materia ocupación hotelera, derrama económica, afluencia en zonas arqueológicas, reservas naturales y centros ecoturísticos.
Chiapas tiene, como ventaja innegable, su riqueza natural, cultural e histórica. Desde selvas hasta cascadas, pasando por comunidades indígenas y vestigios mayas, el estado posee un potencial turístico difícil de igualar. Pero ese potencial, por sí solo, no garantiza resultados.
La promoción eficiente es la clave. En un entorno donde los destinos compiten no solo a nivel nacional, sino internacional, se requiere estrategia, innovación y constancia.
Aquí no basta con tener atractivos, hay que posicionarlos, hacerlos visibles y accesibles y, en ese sentido, el papel del gobierno estatal ha sido relevante.
El gobernador Eduardo Ramírez ha asumido un rol activo como promotor de Chiapas, destacando sus bellezas naturales y su diversidad cultural en distintos espacios. Además, ha impulsado acciones en materia de seguridad que resultan fundamentales para el turismo.
Durante años, diversas regiones del estado estuvieron marcadas por la presencia de la delincuencia, lo que limitaba el flujo de visitantes y afectaba la economía local, hoy, ese panorama comienza a cambiar.
Es innefsble que la recuperación de espacios públicos y la pacificación de zonas conflictivas presentan avances que no pueden ignorarse.
La seguridad no solo es una demanda social, es también un requisito indispensable para el desarrollo turístico y, en ese sentido, Eduardo Ramírez ha cumplido con eficiencia.
Así, esta Semana Santa no será una más, representa una oportunidad y, al mismo tiempo, una prueba para las autoridades, para el sector turístico y para la sociedad en general.
Chiapas tiene todo para consolidarse como un destino de primer nivel. La pregunta es si, finalmente, logrará traducir su riqueza en resultados tangibles.
Sassón
Es bueno disfrutar de merecidas vacaciones, pero es también tiempo de reflexionar acerca de un hombre llamado Jesús, quien hace más de 2000 años vino a servir y no ha ser servido y a dar su vida en rescate de muchos.

