✍️ Eugenio Hernández Sasso
Si algo comienza a perfilarse rumbo al proceso electoral de 2027 en Chiapas es que la contienda no se librará contra la oposición, sino dentro del propio partido en el poder.
Todo indica que la verdadera batalla política será entre los cuadros de Morena, mientras que la oposición tradicional parece cada vez más diluida en el escenario estatal y próxima a desaparecer.
Aunque las elecciones aún parecen lejanas, los tiempos políticos en realidad ya están corriendo.
Por ejemplo, el proceso electoral ordinario iniciará formalmente en octubre de 2026, cuando el Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana (IEPC) instale su Consejo General para arrancar la organización de los comicios en los que se renovarán los 124 ayuntamientos y el Congreso local.
Las precampañas se proyectan para enero y febrero de 2027, las campañas alrededor de mayo y la jornada electoral se celebrará el primer domingo de junio del próximo año.
Sin embargo, en la práctica el proceso ya comenzó, puesto que en diferentes regiones del estado se observan actores políticos que buscan posicionarse con antelación, organizando recorridos, reuniones informativas o supuestas actividades partidistas.
En el fondo, se trata de estrategias de posicionamiento que rozan, y en algunos casos podrían configurar, actos anticipados de precampaña o campaña.
La legislación electoral mexicana sí contempla sanciones para este tipo de conductas, incluso la posibilidad de retirar una candidatura, pero en la práctica pocas veces prosperan las sanciones.
El problema radica en la dificultad de probar el llamado explícito al voto, pues los aspirantes han aprendido a moverse en esa zona oscura de la ley para promover su imagen, llevando a cabo recorridos y construcción de estructuras políticas sin pronunciar las palabras que los puedan incriminar jurídicamente.
Por ello, una de las incógnitas rumbo a 2027 es si los propios aspirantes de Morena estarán dispuestos a denunciar estas prácticas entre ellos mismos.
Esto no sería extraño, toda vez que cuando una fuerza política concentra el poder, las disputas internas suelen convertirse en el principal mecanismo de competencia. Ahí salen a relucir los trapos al sol sin vergüenza ni preocupaciones.
No está demás mencionar que la llegada de Eduardo Ramírez Aguilar al gobierno estatal en diciembre de 2024 consolidó a Chiapas como uno de los bastiones más firmes del oficialismo.
Nadie puede negar que la fortaleza de Morena es casi absoluta en esta entidad del sureste de la república y, con el trabajo de la Nueva ERA, se proyecta invencible.
En ese contexto, la hegemonía del partido guinda parece difícil de revertir en el corto plazo.
Las encuestas preliminares apuntan a que la lucha real no será por derrotar a la oposición, sino por definir quiénes serán los abanderados del movimiento en el corto plazo.
Además, la eventual reforma electoral que se discute podría modificar las condiciones de representación en el Congreso local, reduciendo aún más las posibilidades de los partidos minoritarios y de las tradicionales alianzas satélite.
De aprobarse en los términos planteados, el mapa político chiapaneco podría inclinarse todavía más hacia una mayoría oficialista y la extinción de las rémoras.
Esto explica por qué la disputa interna será intensa, ya que Morena deberá definir candidaturas para 124 alcaldías y para el Congreso local.
Se augura, entonces, un reparto de poder que inevitablemente generará tensiones entre grupos regionales, liderazgos emergentes y estructuras ya consolidadas.
En ese escenario se anticipa una verdadera purga dentro del propio movimiento, dado que las encuestas internas, método que el partido vino tinto ha institucionalizado para seleccionar candidatos, serán el campo donde se definan muchas de estas batallas.
Así, más que una competencia entre partidos, la elección de 2027 en Chiapas podría convertirse en un ejercicio de administración del poder interno.
El mayor reto para Morena no será ganar la elección, algo que hoy parece altamente probable, sino mantener la unidad después de que se definan las candidaturas.
Sassón
Cuando el adversario externo se debilita, el verdadero rival suele está dentro de casa. La pregunta es ¿se someterán al rugido que lidera en la entidad?

