✍️ Eugenio Hernández Sasso
En Chiapas no hay tragedias políticas, hay velorios prolongados. El más reciente es el de las llamadas viudas de Adán, ese grupo de personajes que durante años se paseó por el presupuesto como si fuera herencia familiar y hoy deambula por el Congreso del Estado con el inconfundible aroma del poder en descomposición. Es como si estuvieran “apishcaguados”.
Independientemente de José Cruz Castellanos y Ángel Torres Culebro, la lista es larga y conocida. Ahí están, por ejemplo, los diputados Jesús Domínguez Castellanos, compadre del exgobernador Rutilio Escandón Cadenas; Javier Jiménez, ex secretario de Hacienda, ahora Finanzas; Uriel Estrada, ex auditor Superior del Estado, a quien se le atribuyen presuntos negocios tan productivos que bien podrían enseñarse en escuelas de emprendimiento.

También dicen que se le ha visto llorar a Fredy Escobar, ex titular del Instituto de la Promotora de Vivienda de Chiapas (Inprovich); así como a Getzemaní Moreno y María Mandiola, entre otros ex funcionarios y empresarios que se deben, no moral sino políticamente, a Rutilio Escandón Cadenas y al otrora poderoso Grupo Tabasco que va en picada.
Todos ellos hoy importunan prácticamente en el Congreso del Estado. No es metáfora, de verdad la sociedad chiapaneca los rechaza porque representan un lastre presupuestal y moral.
Durante el sexenio pasado fueron intocables.
Ahora, en esta llamada Nueva Era, su estrella se apagó y, si bien les va, solo tendrán que ahuecar el ala, porque si les va mal quizá tengan que explicar ante la justicia cómo se hicieron de tantas “jugosas ganancias”.
Estos angelitos apostaron todo a su gallo Adán Augusto López Hernández. En 2024 se sentían totalmente “A Gusto”. Su padrino político era corcholata presidencial y ellos ya se veían heredando influencias, cargos y contratos.
Desafortunadamente nunca entendieron, o no quisieron entender, que la presidenta sería Claudia Sheinbaum y que Adán solo validaría el proceso desde su papel de ex secretario de Gobernación y “hermano” del expresidente López Obrador.
Tampoco dedujeron que no se traiciona a la inquilina de Palacio Nacional sin pagar consecuencias. Hoy el costo llegó puntual y sin descuento. Adán dejó de ser el poderoso senador que, en algunas ocasiones, rechazaba las propuestas legislativas de la jefa del Ejecutivo federal y se jactaba de ello.
Como si no fuera suficiente, también apostaron doble contra sencillo a que el gobernador sería Pepe Cruz. Sí, el mismo que “manchó la bata”, el que gastó recursos por costalados para promover su imagen en todo el estado; aquel que mandó imprimir su nombre hasta en el papel de baño, no fuera a ser que alguien olvidara quién quería gobernar.
Pero no se les hizo. El sueño se les cayó como propaganda mal pegada.
Hoy, desesperados, intentan quedar bien con el protagonista de la Nueva Era. Se ofrecen como alfombra, desempolvan sus mejores técnicas de arrastre político y afinan su instinto de sobrevivencia. Pero no hay forma.
Las viudas de Adán no entrarán en el círculo de Eduardo Ramírez Aguilar, y no porque El Jaguar sea intolerante, sino porque no le debe nada a ningún grupo político. Su único compromiso es con el pueblo de Chiapas. Ese pueblo que ya se cansó de los mismos nombres, los mismos vicios y las mismas excusas.
Sassón
Las pobres desamparadas de Adán lloran su desilusión. Se sienten solas, desplazadas, sin futuro. Esta vez, hay que decirlo con toda ironía, tienen razón. El poder que creyeron eterno solo era prestado, y ya se los cobraron.

