✍️ Eugenio Hernández Sasso
Hablar de seguridad pública suele ser sinónimo de discursos reiterados y resultados esquivos. Sin embargo, hay excepciones que merecen una lectura más cuidadosa como lo que sucede en Comalcalco donde los resultados en la materia no son casualidad.
Si alguien ha logrado traducir en acciones concretas y medibles el proyecto del gobernador Javier May Rodríguez, centrado en la pacificación del estado, ese es el presidente municipal Ovidio Peralta Suárez.
En apenas un año de gestión, el alcalde no ha escatimado recursos financieros, materiales ni humanos para recomponer un sistema de seguridad que durante años fue rebasado por la violencia.
Los datos están respaldados por hechos concretos en 2025, por ejemplo, los homicidios dolosos disminuyeron 48 por ciento, al pasar de 130 casos en 2024 a 69. En un estado históricamente golpeado por este delito, la cifra no es menor ni puede atribuirse al azar.
La reducción de la violencia letal en Comalcalco vino acompañada de una estrategia operativa más agresiva y mejor focalizada durante el año pasado.
En 2025, la recuperación de motocicletas con reporte de robo es un indicador revelador, puesto que en 2024 se aseguraron solo 17 unidades y, en la administración actual, la cifra se disparó a 185, lo cual representa un incremento de mil 88 por ciento.
Detrás de ese salto tan relevante en una localidad donde el principal vehículo para trasladarse de un lugar a otro son las motos, están el reforzamiento de patrullajes, la instalación de puntos de revisión y el uso de tecnología para inhibir la movilidad delictiva.
Otro dato que confirma el impacto de la estrategia es la disminución cercana al 30 por ciento en lesiones por arma de fuego.
Esto no es fortuito, pues los operativos permanentes permitieron el aseguramiento de armas largas y cortas, cartuchos, cargadores, chalecos y radios, golpeando directamente la capacidad operativa de los grupos criminales. La lógica es clara, mientras menos armas haya en la calle, menos violencia sufrirá la población.
Pero la política de seguridad de Ovidio Peralta no se limita a operativos. Hay una apuesta estructural por fortalecer a la corporación municipal. El incremento salarial del 19 por ciento para policías y vigilantes, la contratación de nuevos elementos, la inversión de 23 millones de pesos en patrullas y motopatrullas, así como la adquisición de drones, cámaras corporales y sistemas de videovigilancia, apuntan a una visión de largo plazo.
A ello se suma la instalación de arcos carreteros inteligentes, enlazados por fibra óptica a puntos de monitoreo, y una coordinación efectiva con el Ejército, la Guardia Nacional y la Policía Estatal.
El resultado de este trabajo conjunto es una mayor capacidad de respuesta y, sobre todo, un aumento significativo en las puestas a disposición ante la FGR, la FGE y la Fiscalía de Alto Impacto, lo que revela que la acción policial hoy sí está siendo acompañada por el aparato de justicia.
No menos importante es el componente social, toda vez que programas como Jóvenes Sembradores de Paz y las acciones de proximidad con comerciantes y comunidades muestran que la estrategia no se limita a la contención, sino que busca reconstruir el tejido social desde la prevención.
Es decir, se ataca el problema desde su origen. Esto no es una guerra, es una estrategia bien planeada para contener la violencia, cambiar la mentalidad de la gente y generar desarrollo en cada una de las comunidades del municipio.
La violencia ha comenzado a ceder en Comalcalco y eso debería encender reflectores en los otros municipios del estado, toda vez que cuando hay voluntad política, coordinación institucional y decisiones respaldadas por inversión y planeación, la seguridad deja de ser un eslogan y se convierte en política pública efectiva.
Sassón
En tiempos donde la inseguridad suele heredarse como excusa, Comalcalco demuestra que también puede enfrentarse con resultados.

